ME ENCANTA LA IRONÍA DE REYMUNDO ROBERTS
Presidenta y millonaria, como debe ser Por Carlos M. Reymundo Roberts| LA NACION
En mi condición de liberal y kirchnerista, nada me hace más feliz que
tener una Presidenta multimillonaria. Es como la confirmación de que el
capitalismo y el progresismo se pueden llevar a las mil maravillas.
La señora es un compendio de los dos mundos: acumula riquezas y quiere
hacer la revolución. ¡Me encanta!
Cuando esta semana se supo que el año pasado había incrementado 27% su
patrimonio, y que éste había llegado a los 70 millones de pesos (casi 17
millones de dólares), personalmente sentí una satisfacción profunda, una
suerte de reivindicación. Durante siglos, el peor insulto que la izquierda
les propinaba a los dueños de la tierra era llamarlos "terratenientes". Y
ahora resulta que nuestra abanderada nacional y popular no sólo es
terrateniente, sino que, si repasamos la lista de sus bienes declarados,
también es hotelesteniente, dolaresteniente, pesosteniente,
empresasteniente, inmueblesteniente? Y todos felices.
Insisto en que la señora y su familia representan la síntesis de dos
cosmovisiones, dos ideologías. La izquierda nunca se ha llevado bien con
el capital. Cuando los Kirchner llegaron a la Casa Rosada, en 2003, tenían
7,4 millones de pesos, y desde entonces han multiplicado casi por diez su
fortuna. Además de ser un prodigio de administración de los recursos,
lograron convertirse en ídolos y referentes de gentes que, como los ex
montoneros o las Madres de Plaza de Mayo, normalmente se hubiesen rasgado
las vestiduras ante tamaña acumulación de ganancias desde el poder.
Para que se entienda mejor: a Menem (el Menem neoliberal de los 90, no el
de ahora, aliado nuestro) sus riquezas lo condenaban; a los Kirchner, los
beatifican. En Menem, el dinero era corrupción. En los Kirchner, ahorros.
Yo encuentro, además, innumerables beneficios en tener una Presidenta a la
que le sobra la plata. El primero, bastante obvio, es que no tiene que
estar preocupándose por si llega o no a fin de mes. En ese sentido, la
señora está muy tranquila, creo. El segundo es que una situación económica
apretada puede derivar en tentaciones reñidas con la moral. A la Casa
Rosada no deberían llegar harapientos que aprovechan su poder para
salvarse. El tercero es que presidentes que se manejan bien con el dinero
no necesitan ministros de Economía. En otras palabras, un Boudou sólo es
posible con un Kirchner.
Algunos podrían pedirme -nunca faltan los que buscan el pelo en la sopa-
que les explique cómo se pasa de 7 millones a 70 millones mientras se
gobierna un país. Mi respuesta es: no lo sé, pero me lo imagino. Me
imagino que tienen un buen administrador, que han tenido suerte con sus
inversiones y que no gastan más de la cuenta (incluso, que son un poquitín
agarrados).
Otros cuestionan el hecho de que la Presidenta haya dicho hace poco que no
hay que apostar al dólar, cuando tiene en plazos fijos más de medio millón
de dólares (en pesos tiene menos). Los que critican esto, además de ser
malintencionados, demuestran no entender nada: si la señora lo dijo es
porque se da cuenta de que ese dinero le hubiese rendido más en otra
inversión; que perdió plata por apostar al dólar.
Tengamos en cuenta que ella habla como Presidenta, pero también como
inversora. Se me ocurre un versito con rima, cosa de que quede grabado: es
Presidenta e inversora a toda hora. Pero no pretendo hacer poesía, sino
que se entienda su naturaleza.
Otra objeción de estos días ha sido que presentó la declaración jurada de
sus bienes sobre el límite del plazo legal, e incluso fuera de él.
Qué bárbaro: son impiadosos. ¿No se dan cuenta de lo que se tarda en
contar 70 millones de pesos? No digo que no sea agradable sumar porotos,
pero la cosa lleva su tiempo.
Por lo demás, todo el mundo sabe que hay millonarios ensimismados,
egoístas, que nunca compartirán su fórmula, y hay otros que son todo lo
contrario. Entre estos últimos están los Kirchner. Fíjense, si no, que
gente sencilla como su chofer Rudy Ulloa o el cajero bancario Lázaro Báez,
y muchísimos otros, de la nada construyeron una fortuna.
Estoy convencido de que detrás de esa súbita prosperidad ha estado el
aliento de Néstor y Cristina, el consejo sabio y, por qué no, hasta un
impulso inicial en efectivo.
¿Tendrá algo que ver la riqueza de Cristina con su respaldo electoral?
Yo pienso que sí. A los argentinos nos gusta que nos conduzca alguien al
que económicamente le va bien. No hay nada más desalentador que un
presidente pobretón, porque da la impresión de que nos va a hacer
pobretones a todos. A Raúl Alfonsín nunca le sobró un peso, y así
terminamos, en la hiperinflación. Las masas han estado con Perón, con
Menem, con los Kirchner, toda gente de buen pasar. O con Scioli o los
Rodríguez Saá. El General, cuándo no, lo tenía muy claro: la triple P
(peronismo, poder y plata) es una fórmula imbatible. Muchos se lo dicen a
Macri: lo que le falta es la pata peronista.
Yo deseo que los bienes de la señora sigan creciendo. La quiero bien
arriba en el ranking de Forbes . La quiero desahogada y luciendo, como
luce, las mejores joyas y relojes, las mejores carteras, la ropa más cara.
Estilo Evita. Vamos bien. A este ritmo de multiplicación de su fortuna,
con la reelección lo lograremos. Falta poco para que podamos decir: ella
era nuestra Presidenta; ahora es nuestra reina..